En Ifor representamos el proceso de «transferencia» dentro de las Organizaciones como una pirámide a la que llamamos la Pirámide del Talento. En ella, hay tres grandes escalones: la transferencia de oficio, de cultura corporativa y de liderazgo, que corresponden a los siete niveles ascendentes, siguiendo un nivel de complejidad, de ese proceso interno de transferencia de saber hacer y de estilo propio. Se podría representar como aparece aquí:

En la base de la pirámide del talento, situamos la transferencia de conocimiento. ¿Es esto lo mismo que la gestión del conocimiento? Entendemos que no.

A mi modo de ver, el término «gestión del conocimiento» se ha ido convirtiendo en una especie de cajón donde cabe casi todo, desde los aspectos más teóricos relacionados con el conocimiento en sí mismo y las dificultades para llegar a organizarlo y distribuirlo dentro de una Compañía, hasta los sistemas de hardware y software más complejos y sofisticados para sistematizar la información y tener acceso a ella de uno modo más abierto o más restringido, en función del estatus jerárquico dentro de la Organización.

Lo que vemos detrás de la expresión «transferir» o compartir conocimiento está, por el contrario, íntimamente ligada a la necesaria transferencia de oficio que se debe producir en cada equipo dentro de la Organización y en ésta en su conjunto.

Se trata de la transferencia del jefe, director o supervisor, a su equipo y de sus miembros entre sí, y de éstos al propio jefe y, en un paso más allá, interequipos, en un proceso multidireccional, en el que cada uno pone a disposición del resto aquello que sabe y que aprende en el desarrollo de su trabajo y que es necesario para comenzar a desempeñar una tarea.

Por una parte incluye el conocimiento explícito, que es el que de alguna manera gestiona la Organización, ya sea informáticamente, ya sea a través de otro tipo de soporte gráfico, pero siempre tangible.

Por otra parte, y en muchas ocasiones de manera más significativa, incluye el conocimiento tácito, que es aquél que no aparece reflejado en ningún soporte, pero que lleva cada persona en su cabeza: conceptos, respuestas, procesos, ideas, sugerencias… Esto es lo que más cuesta compartir pero, al mismo tiempo, es lo que la mayoría de las veces tiene más valor.

En la red encontramos muchas cosas sobre la gestión del conocimiento, sin embargo, a la hora de la «transferencia», especialmente de conocimiento tácito, rara vez se pasa de mera teorización.