Hay formadores que no dan ninguna importancia al momento previo a la sesión, justo cuando empiezan a llegar los participantes; algunos, incluso «se pierden» en esos momentos para no tener que andar saludando uno a uno a todo el mundo, o simplemente porque no les apetece.

Pues bien, éste es un momento vital para ir tranquilizando la mente y dar tiempo a que todo el mundo se vaya acoplando, incluso el propio formador. Una manera sencilla de relajar estos primermos momentos tensos es asegurarte, como formador, de que estás disponible y preparado para saludar a los que van llegando, por lo menos quince minutos antes de que comience la sesión.

Mi sugerencia es que camines por la sala de manera informal cuando la gente vaya entrando, que busques el contacto visual e intentes darles la mano para saludarles y presentarte mientras van familiarizándose con el entorno de la sala. Memoriza los nombres que puedas y presenta a participantes que no se conozcan entre sí.

Este proceso de presentaciones puede también relajar tus nervios, ya que empezarás a ver a los miembros del grupo como personas con las que puedes compartir intereses. Es más, si no has tenido la oportunidad de realizar una evaluación minuciosa del grupo antes de la sesión, las conversaciones informales de los participantes en ese momento, te pueden ayudar a conseguir información valiosa antes de comenzar el programa.

Aquí te dejo una pequeña historia de nuestro colega Julito, que ilustra lo que puede ocurrir cuando no se presta atención a este primer momento de la acción formativa: La historia de Jaime Kaí.