Hace unos días reflexionaba aquí sobre la necesidad de reinventarse.
Y uno habla de esto con los colegas, la familia, los amigos, los menos amigos y demás fauna… Y todo el mundo -o casi- asiente, en algunos casos casi fervorosamente. Claro que, cuando empiezas a escarbar un poco en la conversación, te vas dando cuenta de que más de uno habla de algo un poco distinto.

Y sin saber muy bien cómo, ves que se va pasando de aquello de “hay que reinventarse” a esto de “reinvéntate tú, que luego yo me apunto”.

Y por qué? Creo que, utilizando un lenguaje muy coloquial, en el fondo de eso de reinventarse, hay un proceso de cambio a lo bestia. Y eso… eso es complicado, sobre todo si el que lo tiene que hacer es uno mismo. Y al final, te encuentras con respuestas verbales muy proactivas, del tipo “¡es verdad! ¡tenemos que pensar en cómo seguir avanzando…!”

Pero a la hora de la verdad, palabras como estas van acompañadas de respuestas reales -hechos y acciones, para entendernos- que vienen a decir algo como: “¡Hay que reinventarse! Casi que ve empezando tú, que a mí me da la risa; tú dale que, si eso, yo ya voy viendo, si acaso, y ya te voy diciendo…” O algo similar.

Situaciones nuevas y problemas nuevos requieren planteamientos diferentes, tanto en la vida privada como en la profesional. Pero no sólo eso; la propia vida y su evolución, requiere replantearse permanentemente un montón de cosas para seguir avanzando y creciendo y seguir siendo alguien con quien vale la pensa continuar conviviendo, tanto uno mismo como los que están cerca.

Pero no vamos a ninguna parte si uno no entiende que esos planteamientos diferentes, ya sean nuevos o resultado de esa evolución y crecimiento, tienen que empezar como una pequeña “chispa” dentro de uno mismo.

Mi empresa es pequeña, pero muy innovadora y dinámica. La situación ahora está removiendo hasta los cimientos de un gran número de organizaciones y también de personas. Lo que vivimos supone constantes retos para seguir avanzando y reinventar casi todo, casi a diario. Conozco otras empresas pequeñas que también lo van haciendo; de alguna manera, no les queda otra. Pero eso siempre pasa inexorablemente por el hecho de que cada uno de sus miembros asuma esos retos, empezando por el de reinventarse a sí mismo. Porque el que se aferra a lo que le sirvió hasta ayer, termina quedándose en el camino.

Y mientras avanzamos, miro a otras organizaciones, no tan pequeñas, incluso muy grandes, y también observo el interior de sus también grandes departamentos. Y al observar, no puedo dejar de preguntarme: “¿Realmente son conscientes de que ellos también van a tener que reinventarse de un modo u otro y no tardando mucho?” Las acciones no arrojan una respuesta muy afirmativa a esta duda.

Y luego sigo preguntándome, “si de repente dejasen de hacer todo lo que vienen haciendo con cara de velocidad desde hace tanto, tanto tiempo, ¿les echarían de menos aquellos compañeros que, por el contrario están realmente ligados a la operación, a la cruda realidad, y que SÍ se reinventan día a día porque les es necesario para seguir adelante? ¿Alguien nostaría la desaparición de su actividad?”

¿Alguien tendría respuesta a estas dudas? Aunque creo que son dudas que encierran una inquietante certeza en la respuesta, que a su vez se vuelve más inquietante si uno se formula estas preguntas dentro del entorno de la formación…

Escrito por M.Paz P.Campanero (IFOR)