Cada día que pasa, y con la que está cayendo, veo más clara la necesidad que uno mismo tiene de reinventarse.
Re-inventarse, es decir, inventarse uno a sí mismo una y otra vez. En nuestro equipo sabemos un poco de eso de “inventar”; hemos hecho de ello parte de nuestra profesión, cada uno dentro de sus preferencias y habilidades, y realmente disfrutamos con ello. Pero esto va de algo más profundo, no solamente de lo que se hace, sino de lo que uno es desde dentro de sí mismo.

Cuando observo, leo, hablo con otros amigos pequeños empresarios o autónomos, oigo la radio, veo noticias, leo artículos…, constato a diario que las cosas no están fáciles para la mayoría, que la mediocridad y la pasividad y dependencia se abren paso con rapidez, que los que no tienen ideas ni iniciativa intentan hacer dudar a los que sí las tienen, para que se sumen a su club de la desconfianza y la exigencia de derechos adquiridos no se sabe muy bien de qué manera o en qué momento de su mediocre y rutinaria vida profesional…

Es época de rumores, de machacar al que sigue caminando o lo intenta, de intentar que los que se entusiasman con lo que hacen, echen el freno (¡no le vaya a ir mejor a éste que a mí!), de echar la culpa siempre al otro, de no mirar uno hacia sí mismo y preguntarse qué puede hacer para seguir avanzando.

Es época de no valorar los valores, de desconfiar por principio, de no conceder el beneficio de la duda, de no contrastar información, de asumir que el otro quiere engañarme o aprovecharse de mí (no importa si es verdad o no; es más, para qué me voy a ocupar de preguntarle su versión). Es época de cotilleos y malos entendidos, de pesimismo y pensamiento obsesivo, de yo gano-tú pierdes, aunque al final eso sigifique que perdemos los dos… En definitiva, época de tristeza para los que vamos de cara, con el corazón abierto y con ganas de seguir adelante, crear y respetar al otro y a nosotros mismos.

Y sí, me gusta incluirme entre estos últimos, porque echo de menos el respeto, la confianza, el ganar-ganar, la valoración del talento unido a la humildad, la responsabilidad ante los propios actos y sus consecuencias, el hablar las cosas cuando no las veo claras, el confiar en que el otro intentará entender mi punto de vista. Porque echo de menos la empatía, la capacidad de esfuerzo, la amabilidad y cortesía, la respuesta a los mensajes, o que me digan las cosas frente a frente y no con un escueto mensaje o a través de terceras personas…

Y por todo esto y muchas otras cosas que echo de menos, estoy convencida de que lo que estamos viviendo, esa crisis de la que todos hablamos, no es la causa de cómo estamos, sino al revés. Creo que nuestra manera de comportarnos, la apatía y mediocridad de nuestros gobernantes y políticos de todos los signos, el “todo vale” que ha terminado impregnando el tejido social, la falta de respeto por uno mismo y por los demás, ha terminado llevándonos a todos a la situación que tenemos, tanto económica, como social, estructural, y que moja todo lo que hacemos…


Así que, sí, soy una convencida de que va a ser necesario re-inventarse y de que, quien no lo haga, terminará sumido en una mayor mediocridad y, tal vez resuelva sus miedos y problemas a corto plazo, pero el medio y largo plazo se lo comerán vivo.

¿Y qué es para mí reinventarse? Pues mucho más que sólo pensar en qué voy a hacer a partir de ahora, o de mañana, o de un mes o cinco años… Para mí es algo mucho más interno, que supone una ardua pero estimulante tarea de introspección, de mirar hacia dentro de uno mismo, de reencontrar la propia pasión e incluso el voláitl y escurridizo sentido de la propia vida…

(M.Paz. Equipo IFOR)