Si eres un/a formador/a o profesor/a preocupad@ por impartir tus sesiones de una manera dinámica, de una u otra forma seguro que estás utilizando experiencias de aprendizaje en forma de actividades o juegos de diferentes tipos.

Si por el contrario a veces te cuesta porque no tienes muy claro que vayan a resultar útiles, me gustaría aprtarte una serie de reflexiones que creo que te pueden ayudar a dar el paso o, si ya los utilizas, para sacarles más partido.

Es una forma experiencial de aprender.
Los participantes aprenden de lo que hacen, en oposición a lo que el formador les dice que deberían aprender. Se trata de un aprendizaje más bien activo y no pasivo.

Proporciona un grado de realismo que otros recursos de aprendizaje no pueden aportar.

Por ejemplo, compara el hecho de aprender sobre cómo se tomó una decisión en el estudio de un caso con llegar a la decisión por lo que exige el juego.

Tiene un gran valor de motivación.
Los participantes responden al juego porque se ven implicados de forma activa y es una manera divertida de aprender. La competición (ganar a los otros equipos) es también un incentivo para que se metan en el juego.

Consigue que todos participen.
Todos los participantes (rápidos, normales, lentos o arrogantes) tienen las mismas oportunidades para implicarse. Por supuesto, la familiarización previa con el ejercicio, ciertas habilidades, etc., pueden determinar la naturaleza y el grado de implicación.

Pone de relieve el papel de los participantes.
Los participantes son los que actúan y el papel del formador está en segundo plano. El formador deja de tener su papel habitual de repartidor de sabiduría, de experto, de figura de autoridad y de evaluador. Normalmente, el formador tiene que conseguir que los participantes empiecen y que luego evalúen el proceso de aprendizaje y los resultados y extraigan sus conclusiones de aplicación al puesto de trabajo.

Pone de relieve el aprendizaje en parejas/equipos.
Los participantes aprenden de la interacción con otro/s participante/s. Demuestra que el grupo de participantes es un recurso de aprendizaje fantástico. En la medida en que esto es cierto, reduce la dependencia habitual hacia el formador.

El aprendizaje es rápido.
Como un juego comprime una experiencia considerable en un período breve de tiempo, se acelera el aprendizaje.

El juego sólo genera ganadores.
Un juego consigue ganadores y perdedores en lo que respecta a las reglas del juego. Pero, en realidad, todos son “ganadores”, ya que todos aprenden (o por lo menos tienen la oportunidad de aprender) de la experiencia.

Permite correr riesgos en un ambiente seguro.
Es mucho mejor equivocarse en una situación de formación que hacerlo en la vida real. Los juegos recompensan (el aprendizaje o la experiencia son la recompensa) más que penalizan.

Sirve de recurso proyectivo.
Hasta el punto en el que los participantes están enganchados en el espíritu del juego y se muestran tal como son, su comportamiento está expuesto ante los demás. El comportamiento puede ser criticado de manera constructiva y por ello convertirse en la base del aprendizaje sobre el propio comportamiento de cada uno en relación con los demás, dentro de las reglas del juego.

Puede contribuir al desarrollo de las técnicas.
Dado que el juego requiere participación activa, suele haber oportunidades para desarrollar técnicas tales como las de planificación, de presentación, de negociación, de análisis, de priorización, de toma de decisiones, de proporcionar y recibir feedback.

Ayuda a “fijar” el aprendizaje.
Los participantes suelen recordar mucho mejor la experiencia del juego que algo que les ha dicho el formador. A menudo sucede que un formador encuentra a un participante que hizo un juego hace varios años y que le dice: “Acuérdate de cuando jugamos al juego de…”

Refuerza los principios…
… así como los conceptos y las técnicas enseñadas previamente.

«Golpea» en el punto adecuado…
…y estimula así el lado intuitivo, creativo, emocional y espontáneo de los participantes.

Permite aprender…
…de los costes, los beneficios y los efectos (resultados, impactos) de las decisiones sin que peligren los recursos costosos (dinero, material, mano de obra, maquinaria, tiempo) del mundo real.
Los participantes pueden aprender de forma segura el equilibrio, los pros y los contras de las estra-tegias y alternativas.

Espero que todas estas reflexiones te ayuden a explorar cómo las experiencias de aprendizaje en forma de juegos te pueden resultar útiles en tus acciones de formación o sesiones de clase.