Efectivamente, y como indica el video que os puse el otro día, cada uno de nosotros acumula en su interior mucho más que «conocimientos de libro».

Llevamos siempre con nosotros un importante cúmulo de conocimientos, saber hacer, experiencia, que se ponen de manifiesto en nuestro trabajo a través de nuestras tareas, trucos, ideas, innovaciones, resultados, etc.

Y me pregunto yo, ¿cuántas organizaciones, o mejor, cuántos de los que tienen capacidad de decisión en esas organizaciones, son conscientes de lo que cada uno de nosotros se lleva a casa cada día después del trabajo y, lo que es más grave, cuando nos jubilamos y no volvemos?
Pues, en mi opinión y según mi experiencia son más bien pocos.

Y continúo preguntándome, ¿cuántos de los que se dedican a tomar decisiones en el terreno de los recursos humanos y/o de la formación, tienen esto en cuenta a la hora de organizar los famosos «planes de formacion»? Esos planes de formación que, además, en muchos casos tienen de todo menos de planes y de todo menos de formación.

¿No sería importante incorporar desde las áreas de formación una serie de mecanismos internos que realmente permitieran esa transferencia interna tan necesaria, que permitiera compartir de verdad esas «pepitas de oro», de modo que eso que también llaman «capital intelectual» se expanda y aumente para bien de todos los que componen la organización y de paso también mejoren los resultados de la misma?