Recuerdo que cuando empezaba a dar mis primeros cursos, una de las cosas que me ponía muy nervioso al comenzar era darle vueltas a todo lo que podrían estar pensando los participantes mientras me miraban con ojos severos -o al menos eso me parecía a mí, claro-. Luego me entraban dudas de si tendría algo raro en mi ropa, o en mi cara… en fin, que mi propio miedo me alimentaba hasta que vislumbraba alguna ligera sonrisa allá en la lejanía, en la cara de alguno de ellos.

Comentaba esto con mis colegas y uno de ellos, que tenía ya la cara negra del humo de mil batallas en esto de la formación, me sugirió lo siguiente:

Tienes que ser consciente de que los participantes pueden hacerse cualquier tipo de pregunta sobre su implicación con respecto a ti y al programa, como por ejemplo:

  • ¿Cuándo vamos a empezar a aprender realmente?
  • ¿Cuánto va a durar esto?
  • ¿Qué estoy haciendo aquí? Yo ya sé todo esto.
  • ¿Sabe el formador realmente lo que está haciendo?
  • Me parece que no me va a gustar este formador.
  • Me gustaría saber qué piensa él de mí.
  • ¿Realmente le interesa resolver mis problemas?
  • Me pregunto si comunicará a mi jefe lo que digo aquí.
  • ¿Quién va a llevar mi trabajo mientras estoy aquí?
  • ¿Realmente se podrán poner en contacto conmigo si hay un problema en casa?

Teniendo en cuenta que esos primeros treinta minutos establecen el tono de todo el curso, intenta aplicar los siguientes trucos para crear una primera impresión positiva en el grupo:

  • puntual en el comienzo.
  • Intenta centrarte en los objetivos del curso y mantener la atención de los participantes en el contenido del programa y no en la hora a la que podrán ir a comer.
  • No des por hecho que todos necesitan exactamente el mismo contenido en el mismo nivel.
  • Hazles ver que confías en tus capacidades, pero no pretendas que tienes todas las respuestas o la última palabra y nunca intentes hacer ver que sabes más de lo que en realidad sabes.
  • Neutraliza la relación tradicional de alumno-profesor lo antes posible durante los primeros momentos de la sesión. Comunícales que tu propósito no es predicar, sino interactuar con ellos. Establece un ambiente de colectividad en la que tanto tú como el resto del grupo dais la bienvenida y apoyáis las aportaciones del grupo.
  • Insiste en que respetas la confidencialidad del aula. Muéstrales que quieres escuchar lo que tienen que decir y que te vas a responsabilizar de sus necesidades.
  • Dales la oportunidad de que reflexionen sobre las consecuencias de la formación sobre su trabajo o sus actividades. Empieza a crear la transición del aula al mundo real desde la primera hora, y no en la última. Ésta cuestión es especialmente importante.
  • Informa a los participantes sobre el horario para que puedan organizar la comunicación con el mundo externo si lo consideran necesario.
  • Repasa el programa y ajusta expectativas: Al principio del curso ningún debate puede considerarse completo sin repasar los objetivos del programa o de la agenda. Después de presentar los comentarios, infórmales sobre lo que pueden esperar de la sesión y también lo que se espera de ellos.

Y he de reconocer que poco a poco aprendí a utilizar estas sugerencias y suelen darme muy buen resultado, porque ayudan a tranquilizar a todo el mundo y eliminan pequeñas preocupaciones al principio que si no, pueden estar interfiriendo durante toda la sesión. Y como me son útiles, he querido compartirlas aquí contigo. Espero que también te den ideas. Ya me contarás…