Gotas Sabias de En Forma para Formar

Las expectativas pueden ser un elemento decisivo en la vida de las personas a las que formamos. Y en el mundo de la educación revisten una importancia especial.

Aún recuerdo una situación que viví con una alumna cuando hace ya unos cuantos años daba clases en una Escuela de Magisterio (o de Formación de Profesorado o como se llame ahora en cada lugar). Era una mujer a la que le costaba mucho llegar al aprobado en los exámenes, pero que se esforzaba notablemente.

En otras actividades relacionadas con su formación como futura maestra, a mi modo de ver importantísimas, manifestaba una gran sensibilidad y capacidad de empatía y de resolución de problemas. Sus prácticas en terreno real solían tener buenas apreciaciones.

Recuerdo especialmente un examen de una asignatura muy conceptual en el que, calificando de una manera rigurosa, no llegaba al aprobado, pero no andaba muy lejos. Yo hablé con ella y se lo expliqué, pero también le dije que iba a compensar su nota con los otros muchos aspectos enormemente positivos que veía en su actitud y en sus actividades de tipo más práctico. Valoré mucho su enorme vocación y su capacidad para trabajar con niños.

Mi sorpresa fue que rompió a llorar -no olvidemos que tenía unos 19 ó 20 años-. Mayor fue mi sorpresa cuando me explicó por qué. No era de emoción, sino porque era la primera profesora que en su vida le había hecho un comentario positivo sobre su persona y sobre sus capacidades. Por el contrario, desde pequeña siempre había oído comentarios del tipo: «Nunca llegarás a nada, eres una inútil, hagas lo que hagas siempre serás un desastre…» y lindezas similares. Y el mayor problema es que se lo había creído y pensaba que nunca podría hacer nada que tuviese valor.

Aquello me hizo pensar mucho y también el refuerzo que fui comprobando que produjo en ella a lo largo de los meses siguientes esta valoración.

Cuando preparaba hoy esta cita de nuestras Gotas Sabias para el Lunes Inspirador, vino a mi mente esta situación y os la he querido contar porque creo que refleja muy bien la importancia de las expectativas.
Tan malo como las excesivamente irrealistas es tratar a los demás como nosotros «creemos que son» y no como realmente pueden llegar a ser. Seguro que la mayoría de las veces nos quedamos muy cortos…




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