Todos los que en algún momento impartimos acciones de formación, estamos un poco nerviosos a la hora de comenzar un programa. Puedes preguntar incluso a los más expertos; en mayor o menor medida siempre hay ago de inquietud y también de «pánico escénico». Sin embargo, suele generar más inquietud la parte previa, a la hora de preparar la formación, que la formación en sí misma.

Si has planificado tus actividades y eres organizado, los nervios se calmarán. Si, por el contrario, has dejado los detalles de la preparación para el último momento y no has pensado detenidamente en la secuencia que vas a seguir, tendrás más posibilidades de perder la confianza que necesitas para cautivar a los participantes con tus ideas.

La preparación del material y de las actividades para un programa de formación, puede empezar días o semanas antes de que los participantes lleguen al curso. El hecho de que todos los detalles estén pensados, establece una atmósfera de orden, organización y profesionalidad.

Intenta llegar al lugar donde tendrá lugar la sesión, al menos una hora antes de su comienzo, ya que eso te permitirá concentrarte en el curso y conseguir la preparación mental necesaria para que todo fluya como has previsto en los momentos de la preparación. Si llegas tarde o con poco tiempo, comenzarás acelerado y estarás todo el tiempo nervioso y despistado.

Te contaré una breve historia de nuestro amigo Pepe, relatada por él mismo en sus primeros tiempos como formador; seguro que te divierte:

Cuando empiezo el curso me pongo muy nervioso. ¿Qué estarán pensando de mí? ¿Cómo me verán? ¿Qué les parecerá el programa? ¿Por qué están aquí? ¿Y si no les gusta cómo lo hago?
Todas estas dudas y muchas más me hacen sentir aún más inquieto.

Aquí estoy, preparado para empezar. Ya he saludado a todos. Y ahora ahí están, sentados mirándome fijamente. Todos me observan… ¡A MÍ !… Y empiezo a pensar: -¿Tendré algo raro en la cara? ¿Estará bien colocada mi ropa? ¿Tendré alguna mancha?… Toda mi sangre debe estar corriendo hacia mis pies, porque mi cabeza se ha quedado en blanco. No veo nada, no oigo nada… pero ELLOS siguen mirándome fijamente.

Sigo pensando: -El de la tercera mesa de la izquierda me mira mal. ¡Ya está! Le he caído mal antes de empezar y ahora va a hacerme la vida imposible. No le gusto yo y mi voz le parece horrible. Y el de la quinta mesa de la derecha también me está mirando con cara de pocos amigos. Seguro que este curso no le apetece, y también estará pensando que quién soy yo para enseñarle algo; claro, que yo pienso lo mismo, porque en este momento mi cabeza está absolutamente vacía. Y aquel del fondo… ¡Horror! ¡Está bostezando! ¡Pero si aún no hemos comenzado y ya se está durmiendo de aburrimiento!

Me digo a mí mismo: -Pepe, concéntrate y, sobre todo, ¡tranquilízate! Cómo no va a bostezar si son las ocho y media de la mañana. Recuerda… Optimismo ante la dificultad. ¡Pero si aún no has tenido ninguna dificultad, hombre! ¡Reacciona, que te va a dar algo! Veamos… Sí; vamos a presentarnos; es lo mejor. ¿Y si ya se conocen? Puede que el rompehielos les parezca una solemne tontería. Mejor entro directamente en materia…

Entonces vienen a mi mente las palabras de Julito: -Pepe, recuerda que la actividad de rompehielos es muy importante, aunque se conozcan previamente, porque a ellos les permite ir entrando en la dinámica de la sesión, y a ti te permitirá relajarte un poco de los nervios del comienzo-. Me decido a empezar. Les pido que se presenten de dos en dos y que, si se conocen, elijan a la persona de la que sepan menos cosas… Poco a poco van centrándose en ellos… ¡Ya no me miran a mí! De momento estoy salvado. Me dedico a revisar la primera actividad que tenía prevista para comenzar inmediatamente después de las presentaciones. Compruebo que tengo todo a punto. Mi estómago va relajándose y la sangre vuelve a mi cabeza, que parece que ya va sabiendo por dónde continuar…

Si prestas atención a todo lo que necesitas tener preparado con suficiente antelación, lo cierto es que reducirás mucho la ansiedad, los nervios o la inquietud que te invaden en los momentos previos al comienzo de la sesión. Asimismo, si te concentras en lo importante en el tiempo previo a la propia sesión, también comenzarás con algo más de seguridad. La preparación mental es clave para un buen comienzo.