Muchas veces la sala de formación se convierte en una barrera importante para la participación y para el aprendizaje activo. Solemos pensar que todo lo que no son sillas sueltas no nos ofrece posibilidades de cambio, pero no es así. Podemos hacer muchas cosas para mejorar la disposición de nuestros participantes en el espacio e incluso irla modificando para las diferentes actividades.

Esto es especialmente relevante para cursos de duración breve, como los que se imparten dentro de las organizaciones y empresas, o también para cursos de convocatoria abierta que suelen tener una duración de uno o dos días. Prueba a sacar el mayor partido del espacio de que dispones y piensa bien cuál es la colocación ideal para los participantes en cada uno de los ejercicio o actividades que planificas.

Para esto es importante saber cómo es el aula en la que vamos a estar. Si no puedes visitarla con antelación, pide a los organizadores que te describan cómo es y solicita aquellas condiciones que mejor vengan para los objetivos de la sesión. Y si no se pueden modificar, utiliza tu imaginación para organizar a los participantes por equipos en cada caso.