En Forma para Formar

Hoy os invito a reflexionar sobre el valor de las experiencias de aprendizaje estructuradas en forma de juegos o ejercicios lúdicos que invitan a la acción para luego poder deducir el aprendizaje realizado.

Limitarnos a exponer nuestros conocimientos no lleva a que nuestros alumnos o participantes consigan los objetivos de aprendizaje que buscamos; necesitamos que además experimenten, vivan experiencias también dentro del aula, que les ayuden a aprender.

Un juego bien diseñado crea un “espacio libre”, una especie de simulador de vuelo en el que los participantes pueden experimentar con nuevos roles o variaciones de sus roles actuales sin riesgo.
El aprendizaje que se obtiene de él, al venir de una experiencia vivida, es muy real aunque sea una simulación.

Lo más complejo es diseñarlos bien. Un buen juego se guía casi solo. En algunos ejercicios, el formador está diciendo constantemente: “Este es el siguiente paso…” Pero un buen juego tiene vida propia. Seguiremos hablando de ello…

 
¡Feliz día y animaos a jugar! 🙂
En Forma para Formar