Como es un recurso muy útil, he aprendido a diseñar mis propios ejercicios de rompehielos. Aquí te cuento algunos de los elementos a tener en cuenta si tú también te animas a crear alguno para usarlo en tus cursos:

  • Composición del grupo: la naturaleza del grupo condicionará el tipo de actividad de apertura del curso, ya que debe adecuarse al tamaño, características, nivel, formación, etc., de los participantes.
  • Expectativas del grupo: lo que creen o esperan los participantes en relación con el rol que jugarán en el proceso de formación y aprendizaje, influirá muy directamente en su dinamismo y grado de implicación en el ejercicio.
  • Contenido del programa: el contenido del curso determinará qué rompehielos es el más adecuado. Es conveniente que esté “en línea” con las características de dicho programa, sin perder de vista que siempre debe tener un marcado carácter lúdico, es decir, de juego.
  • Tiempo de duración del curso: si el programa es largo, dura varios días, podemos utilizar un ejercicio de comienzo de 45 a 60 minutos, pero si dura 3 horas, tendremos que utilizar un rompehielos muy breve, de unos 5 a 10 minutos.
  • La cultura de la organización: en una organización innovadora y creativa, tendrán cabida ejercicios más divertidos y originales.
  • Tu propio estilo y personalidad: es muy importante que tú mism@, como formador/a, te sientas cómod@ con lo que haces y con los recursos que utilizas. No debes sentirte forzad@ a emplear ejercicios especialmente “diferentes” si ello te hace sentir incómod@ o insegur@. Siempre podrás encontrar actividades que susciten el interés de los participantes y que te ayuden a “romper el hielo” inicial, dentro de tu propio estilo.

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