Una de las mayores dificultades que solemos encontrar al comenzar a hacer diseño e-learning es la resistencia que nuestra mente tiene para dar el salto desde el “pensamiento analógico” hacia el “pensamiento virtual”.

Elaborar cursos elearning utilizando como herramienta el PowerPoint es no sólo factible, sino relativamente sencillo para quienes estamos muy familiarizados con este programa. Pero lo cierto es que es difícil encontrar buenos diseños virtuales, ya sean hechos con esta herramienta o con otras más sofisticadas y, dicho de paso, mucho más caras.

La clave está en nuestra manera de pensar. Por ejemplo, si utilizamos una presentación para un curso presencial utilizando 90 pantallas, ya sólo con este datos sabemos que nuestros participantes terminarán dormitando sobre su mesa aun cuando la presentación sea sumamente vistosa y entretenida.

Entonces, ¿por qué cuando nos ponemos a crear un curso virtual lo diseñamos como si fuera una presentación (y esto en el mejor de los casos)? ¿Acaso creemos que alguien sentado a solas frente a su ordenador tendrá más capacidad para “engullir” esas 90 pantallas “tipo presentación” que sentado con un grupo en un aula y viendo allí delante al formador?

Y es que cuando hacemos un diseño virtual con “pensamiento virtual”, lo más probable es que esas pantallas se conviertan, no sólo en 90, sino incluso en 150, pero el que trabaja el curso en su ordenador en ningún momento percibirá si son pocas o muchas pantallas, porque le iremos guiando de manera que su proceso de acceso a la información y, por supuesto, su proceso de aprendizaje, no será lineal, sino que tendrá muchas ramificaciones que le ayudarán a “seguir el hilo” de una manera mucho más parecida a la forma en que pensamos normalmente, en nuestra vida cotidiana.

Entonces, ¿por qué hacer diseños lineales cuando nuestro pensamiento funciona de una manera tan diferente? Quizá la imagen que más se aproxima es la de un mapa mental.

Por eso, mi sugerencia es aprender a pensar, no sólo en un índice que hay que desarrollar (cosa que sí que es importante al principio, cuando se está concretando el contenido del curso), sino en cómo los diferentes elementos de aprendizaje se van a ir enlazando unos a otros. Es necesario pensar en enlaces que nos ayuden a mostrar relaciones entre conceptos, ejemplos ilustrativos, actividades interactivas, contenidos complementarios, imágenes ampliadas… No estamos creando una presentación, ni tampoco un manual, sino un curso virtual.

En mi opinión éste es uno de los primeros ejercicios clave en que se debe detener quien está comenzando a diseñar: aprender a relacionar todo el contenido y practicar los enlaces hacia adelante, hacia atrás, en paralelo… Desarrollar una buena habilidad para crear estas relaciones y generar los enlaces adecuados será una de las claves para llegar a crear un buen curso.