Trucos para organizar un debate del tipo “abogado del diablo”.

 

El análisis previo de objeciones

Trucos para organizar un debateSi hay un tema que crees puede ser conflictivo, te resultará muy útil un tipo especial de debate: “el abogado del diablo”.

Es conveniente realizar previamente un “análisis de objeciones”.

Se trata de identificar aquellos contenidos que, por su naturaleza o sus implicaciones, preveas que pueden generar resistencia entre los participantes.

 

Pasos a dar para dirigir el debate:

1. Presenta de forma general los contenidos al grupo y, mediante una lluvia de ideas, recoge los conceptos claves vinculados al tema.

2. Divide a los participantes en pequeños grupos -de 3 ó 4 personas- y pídeles que busquen implicaciones prácticas, relacionadas con el día a día, para cada uno de los conceptos identificados.

3. A continuación realiza una rueda de intervenciones en la que los distintos grupos presenten al resto sus principales conclusiones. Éstas quedarán agrupadas en dos grandes bloques: implicaciones positivas e implicaciones negativas.

4. Divide luego a los participantes en dos grandes grupos: unos trabajarán sobre las implicaciones positivas, mientras los otros abordarán las negativas. Deben preparar un debate en el que defiendan cada una de sus posiciones.

5. Después organiza y dirige el debate entre los dos grupos. En este momento es fundamental que asumas la función de moderador.

6. Tras el debate, une a los miembros de los dos grupos en parejas mixtas -uno de cada grupo-. Pídeles que se tomen un par de minutos para anotar las principales conclusiones a las que han llegado tras el debate.

7. Para terminar, organiza una rueda de intervenciones en la que cada pareja pueda comentar con el resto de participantes sus conclusiones.

 

Tu papel como moderador/a:

Tu papel es animar, estimular y conducir el debate mediante la utilización de preguntas abiertas y/o preguntas cerradas –ésta es la clave-.

Debes situarte siempre del “otro lado” del grupo que está interviniendo, “atacar” sus argumentos, utilizar sus comentarios para llevarlos a extremos y devolvérselos.

Reconocer las implicaciones negativas que el tema pueda tener y reforzar especialmente las conclusiones positivas.

Es decir, actuar en todo momento como “el abogado del diablo”.


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